Doc: Irma Celeste Avalos
Jubilada
A 60km de la ciudad de Esquina Pcia de Corrientes en el paraje llamado Cuchillas, fui designada maestra suplente en el 2º grado de la escuela Nº 636, tenía 19 años de edad y era el segundo año que trabajaba como docente, el año anterior lo había hecho en el departamento de Goya, ciudad cercana a Esquina.
Ese día como siempre me acompañó mi padre, para quedar tranquilo y saber donde quedaba alojada.
Realizamos el viaje en colectivo, por ruta de tierra, como es hasta la fecha, pero actualmente mejorado. Luego de un recorrido de casi dos horas bajamos y nos encaminamos hacia una escuela la nº 635, su director era amigo de mi padre, luego de preguntar la ubicación de la escuela que fui designada, el se ofreció para llevarnos en su vehículo un jeép, reanudamos nuestro viaje, tomando una dirección distinta de la del colectivo, según el director comentó en el camino que llegar a la escuela era algo difícil porque no entraban los colectivos. Lo primero que pensé era, ¿qué haré los fines de semana sin poder ir a mi casa? pero enseguida me tranquilicé, lo importante era trabajar.
Llegamos a la escuela, conocí a la directora, pude compartir y ayudar en formación para el saludo de la bandera, y ¡por supuesto! Observar, quienes serían mis alumnos.
Entramos fui presentada a los alumnos, nos conocimos e inicie mi primer día de clase en esa escuela.
Los días continuaron sin muchas novedades, pero el momento difícil llegó, ¿cuándo?, al llegar la semana de clases alusivas del General San Martín.
Los primeros días le conté sobre su infancia, al llegar a su actuación militar, presenté láminas con el fin de obtener de parte de los alumnos un breve comentario de la que observaban, me decían: muchos caballos, soldados, mulas, etc., al llegar a la lámina de San Martín a caballo cruzando los Andes, esas famosas láminas de dos páginas de la revista Billiken que nos parecían hermosas y especiales para enseñar, a mi en ese momento no me dio el resultado que esperaba, quizás hice mal la pregunta o guié mal la observación pero al preguntarles: ¿qué ven en esta lámina? Todos levantaron las manos, hice pasar al más inquieto y me contestó: San Martín a caballo sobre un montón de bostas.
Me sorprendí, tomé las riendas de la clase porque los demás chicos no se rieron y me di cuenta que ellos no conocían las montañas, pero sí montículos de bostas que juntaban para abonar la huerta o chacra.
Expliqué entonces como eran las montañas, que están compuestas por rocas es decir piedras, dibuje los Andes, indicándole que la cima, se cubría de nieve, muy parecido a las heladas de esta zona en los días muy fríos en el invierno, pero las montañas son muy altas y muy difíciles de cruzar a caballo, es por eso que todos los soldados y también San Martín, cruzaron a lomo de mulas, por ser estos animales mas chicos y de pasos mas cortos y vasos pequeños que se podían afirmar mas a ese tipo de suelo. En ese momento los niños comenzaron a participar en la conversación, ya que ellos conocían la mula, y comentaban con timidez. Debe ser igual a los cangrejales que cruzamos cuando vamos a juntar los animales. Pregunté ¿qué son los cangrejales? Ellos me explicaron que son lugares cubiertos de pajonales y que el terreno tiene muchos pozos donde queda agua de lluvia y es muy pantanoso, y si van sobre cualquier caballo corre peligro de caerse, por eso ellos ensillan caballos adiestrados para esos lugares.
¡Qué gran lección me dieron esos niños! y ¡Qué cuidado tuve! Para desarrollar cada clase teniendo en cuenta que muchos chicos de la zona rural relacionan las cosas que ven en láminas y revistas, con lo que conocen.
La mayoría de los niños en los años 1963 y una década más, no tenían la oportunidad de viajar y visitar la ciudad, debido a los malos caminos, y difícil acceso.
Sólo conocían lugares por las cosas que escuchaban de los maestro u otra persona que llegaban a su casa, como ser, vendedores ambulantes dueños de estancia o algún comprador de hacienda o familiares que vivían en otras ciudades y venían de vacaciones.
Esa lección me sirvió para toda mi carrera docente, ya que los suplentes en esa época íbamos de un lugar a otro, en distintas escuelas y parajes, trabajando como suplente durante 12 o 13 años, para ser nombrados titulares, años que sirvieron par conocer a los chicos de las distintas zonas y adaptarnos a ellos e ir lentamente incorporando hábitos de higiene, como hacer hervir el agua para beber, cepillarse los dientes después de cada comida; hábitos de alimentación, preparando comidas con distintas verduras que se cosechaban de la huerta escolar, incorporando al menú carne de pescado que se podía pescar en los arroyos de la zona ya que en los hogares de los niños preparaban las comidas en base a carne roja y/o aves; también enseñábamos hábitos de posturas, levantar la cabeza y mirar a las personas con la que habla; y hábitos de urbanismo, como usar los cubiertos, pero debo destacar que todos los chicos se lavaban las manos antes de ir a la mesa y lo hacían sin indicación del docente.
Para dar a conocer las distintas regiones de nuestra Patria, bastó con colocar durante un tiempo en el mural, láminas o paisajes de las Montañas, el Mar, la Patagónia, las Cataratas, la Antártida, y en el momento oportuno explicar que representaban esas láminas. Creo que me dio buen resultado porque nunca más, nadie se confundió al ver una montaña otra vez.
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